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¿Entrar o salir? he ahí el dilema

By Posted on 28 0 m read 3.9K views
Nos han hecho creer que “la verdad” es algo así como un bien supremo que nos asegura que la bondad siempre estará presente si es que todo se manifiesta dentro de los parámetros de la misma. Esto es una mentira, claro está.
No quiero entrar en terribles debates filosóficos sobre las interpretaciones de este concepto llamado “verdad”, y sobre las distintas vertientes de pensamiento que claman la suya como única, o la claman como una entre tantas, así que en este caso vamos entender por verdad aquella que toma lugar en el cotidiano llamado “realidad”.

Esta verdad de tipo fáctica, porque viene de hechos concretos: si cae agua de cielo es verdad que llueve, o si no duermes es verdad que te desvelaste, o si eres hombre y solo te quieres comer a otro hombre es verdad que eres homosexual, es como en el cacho, lo que se ve se anota, y no hay nada más que valga. Esta “verdad fáctica” es a la que se refieren tus amigos, conocidos, lovers, y prendes cuanto te preguntan cosas tipo: “¿Y ya has salido del closet?, o ¿tus papás ya saben la verdad?, o ¿Cómo haces para comer como puerco y no engordar? Y yo me pregunto, acaso los heterosexuales van donde sus padres y les dicen: “¡Hola, mamá, hola papá! soy tu hijo varón sexualmente activo y me acuesto con mujeres que me encuentran también sexualmente atractivo”, no, no hacen eso porque es totalmente normal que eso suceda y porque es su VIDA PRIVADA. Yo no quiero saber lo que mis padres hacen en la intimidad de su habitación, ¿Por qué quiero que ellos se enteren de lo que yo hago?, por algo se llama INTIMIDAD.

Esto es así, el amor entre hombres, o entre mujeres tiene que ser tan común como el amor entre un hombre y una mujer, y eso empieza desde nosotros, considerando que no somos diferentes, aunque nos hagan sentir lo contrario, si nosotros aceptamos que lo nuestro es “normal”, no tendremos la necesidad de que la
sociedad nos acepte restregándole en la cara nuestra sinceridad saliendo del closet y dejando expuesta nuestra intimidad. Con esto yo no estoy diciendo que tenemos que permanecer ocultos y vivir una vida doble, sino todo lo contrario, yo digo que hay que vivir la vida que uno quiere sin la presión de darle explicaciones a la familia, amigos y sociedad en general sobre lo hacemos en la cama y a quien le entregamos el corazón, es como si salir de closet fuera algún tipo de obligación o requerimiento para entrar en un grupo o salir de otro, o si se tratara de algún tipo de mérito que automáticamente te convierte en un “señor homosexual respetable”, como si exponerte completamente te hiciera mejor. La verdadera libertad es no tener que dar explicaciones ni justificaciones para ser lo que uno es. Libertad es poder estar en cama acompañado después de hacer el amor sin pensar en cosas tipo: “mi mamá no sabe de esto, no sé cómo se lo voy a decir”, o “que va a pensar mi grupo de amigos”, o “esta luz me hace ver gordo”. Libertad es que no te dañe la opinión de la gente.

La verdad está sobrevalorada, sin mencionar que es re-católica esta reivindicación constante de la sinceridad, y todo esto ¿para qué?, para que una vez que seas sincero la sociedad pueda apuntarte, criminalizarte, perseguirte, y discriminarte más, con mejores argumentos y con tu confesión de yapa, ¡fuck that!. Gracias, pero no gracias, yo no necesito gritar a los cuatros vientos cuales son mis preferencias sexuales, porque no es de mi interés saber si el otro me acepta, o no, esto no significa que si alguien me pregunta lo ocultaré. A mí lo que me interesa es aceptar, amar, normalizar mi situación, y empezar a de-construirme sin valorar tanto el criterio de mi entorno, pues a estas alturas de la vida ya todos sabemos que la “sociedad” no es lugar más sociable y sano que existe. Ventilar mucho nuestra vida privada puede causarnos mucho daño, el exceso de sinceridad es una amargo brebaje que muchas veces daña más que curar. Salir de un closet de prejuicios para entrar en otro closet aún más grande y púbico solo para sentirnos “honestos” creo que es un trato que hay que revisar, pues ahí no sé hasta qué punto se gana, pues muchas veces podemos perder trabajo, amistades, conexiones profesionales, y familiares e incluso ser violentados físicamente a causa de las t’aras culturales de algunos, a los que de paso tenemos que “convencer” de que somos buenos, eficientes, trabajadores y “buenas personas” a pesar de tener preferencias sexuales alternas.

Y muchos dirán que la única forma de normalizar la situación de la diversidad sexual es visibilizándola, saliendo del closet, alquilar una torre de doce parlantes, y armar un desfile para que todo el barrio se entere, y sí, es cierto, pero para eso están los colectivxs, ser parte de ellos ayuda y aporta a esta a esta situación además de que nos podemos proteger y apoyar mutuamente, podríamos llamar a esa “la gran lucha social”, pero la lucha de la hablo es la personal, la de todos los días. “La lucha personal” es la que empieza todas las mañanas cuando te miras al espejo y te dices: “Soy una persona, no soy un sexo ni un género, soy una persona, no las expectativas de la gente, soy una persona y no mis preferencias sexuales, soy una persona, no solamente una etiqueta”

La próxima vez que me veas no me preguntes si ya salí del closet, pues lo que se ve, se anota.

Bicéfala
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